El jengibre, concretamente el rizoma de jengibre (Zingiber officinale), ha sido empleado tradicionalmente como estimulante de la digestión y carminativo, es decir, como una sustancia que previene la formación de gases e incluso favorece su expulsión.
Sin embargo, en los últimos años se ha incrementado su interés terapéutico debido, principalmente, a su actividad antiinflamatoria y antiemética. Esto último quiere decir que puede favorecer la prevención o reducción de ciertos síntomas, como las náuseas y los vómitos.


Aunque el jengibre es especialmente conocido por su efecto digestivo, sus posibles beneficios van algo más allá. Puede resultar útil para aliviar náuseas leves o moderadas, favorecer la digestión y reducir la sensación de gases o hinchazón.
También se ha estudiado por su posible efecto antiinflamatorio, especialmente en molestias musculares, articulares o menstruales. Esto no significa que actúe como un medicamento antiinflamatorio ni que sustituya ningún tratamiento médico, pero sí puede ser interesante como apoyo dentro de una alimentación y estilo de vida saludables.
Además, por su contenido en compuestos antioxidantes, el jengibre puede contribuir a proteger las células frente al daño oxidativo.
Resumidamente, el jengibre puede ayudar a:


El sistema digestivo no funciona de forma aislada. Como se observa en el eje intestino-cerebro-microbiota, factores como el estrés, la dieta, los antibióticos, la inflamación de bajo grado, la permeabilidad intestinal o las alteraciones de la microbiota pueden influir en la motilidad intestinal, la sensibilidad visceral y la aparición de síntomas como gases, hinchazón, digestiones pesadas, dolor abdominal o cambios en el ritmo intestinal.
En este contexto, el jengibre puede ser interesante como apoyo digestivo porque favorece la secreción de jugos digestivos y puede ayudar a mejorar la motilidad gástrica, es decir, el movimiento del estómago. Esto facilita el vaciado gástrico y puede reducir la sensación de pesadez después de comer. Por eso se suele decir que tiene un efecto procinético suave, ya que ayuda a que el contenido digestivo avance mejor.
Además, algunos compuestos del jengibre se han estudiado por su posible actividad antiinflamatoria y antimicrobiana frente a ciertos microorganismos. Esto no significa que sustituya un tratamiento médico ni que “mate bacterias patógenas” de forma general, pero sí puede formar parte de una estrategia digestiva más amplia cuando la persona lo tolera bien.
Una forma sencilla de incorporarlo es tomarlo en infusión, rallado en comidas o en pequeñas cantidades dentro de la dieta. En personas con reflujo, gastritis o ardor, conviene probarlo con prudencia, ya que en algunos casos puede resultar irritante.
“Si los síntomas son frecuentes o interfieren en tu día a día, es importante valorar la causa y no limitarse a tomar remedios puntuales.”
Aunque el jengibre suele ser seguro cuando se consume en cantidades normales dentro de la dieta, no todas las personas deberían tomarlo libremente, especialmente si se utiliza en cápsulas, extractos o dosis elevadas.
Un consumo excesivo puede provocar molestias digestivas, acidez, ardor, diarrea o irritación gástrica. Por eso, las personas con gastritis, reflujo gastroesofágico, úlcera péptica o estómago sensible deberían introducirlo con precaución.
También se recomienda prudencia en personas que toman anticoagulantes o antiagregantes, ya que el jengibre podría aumentar el riesgo de sangrado si se consume en cantidades altas o en forma concentrada. En estos casos, lo mejor es consultarlo antes con un profesional sanitario.
Durante el embarazo, el jengibre se ha utilizado para las náuseas, pero conviene diferenciar entre pequeñas cantidades en la dieta y suplementos concentrados. Si se desea tomar en cápsulas o de forma habitual, es recomendable consultarlo previamente, especialmente en embarazos de riesgo o si existe medicación asociada.
En general, deberían consultar antes de tomar jengibre en dosis altas las personas embarazadas o en lactancia, niños, personas mayores, pacientes con enfermedades digestivas importantes, personas con cálculos biliares o quienes estén tomando medicación crónica.
El jengibre es un ingrediente muy versátil y se puede incorporar fácilmente en la alimentación diaria, tanto en recetas dulces como saladas. Puede utilizarse fresco y rallado en salteados de verduras, sopas, cremas, marinados, platos de carne o pescado.
También puede añadirse en polvo como condimento, especialmente en recetas con curry, legumbres, caldos o preparaciones de inspiración asiática. Otra forma sencilla de tomarlo es en infusión, añadiendo unas rodajas de jengibre fresco al agua caliente. Se puede combinar con limón, canela o miel, siempre adaptándolo a la tolerancia de cada persona.


También puede utilizarse en repostería saludable, por ejemplo en galletas, bizcochos o recetas con avena, cacao, frutos secos o frutas.
Por último, existen suplementos de jengibre en cápsulas, que pueden ser útiles para quienes buscan una forma más práctica de tomarlo o no toleran bien su sabor fuerte y picante. En este contexto, una opción de este tipo sería el Jengibre de Solaray, una presentación cómoda para incorporar el jengibre sin necesidad de tomarlo en infusión, rallado o en polvo.
Sin embargo, conviene recordar que los suplementos suelen aportar cantidades más concentradas que el uso culinario, por lo que deben utilizarse con más criterio, especialmente en personas con reflujo, gastritis, embarazo, tratamiento anticoagulante, enfermedades previas o medicación crónica.
También existen fórmulas digestivas más complejas que incluyen jengibre junto con otros extractos vegetales, como Parasintest de NPRO. En este caso, no se trataría de un suplemento pensado para tomar jengibre de forma aislada, sino de una fórmula orientada a un soporte intestinal más específico, por lo que tendría más sentido dentro de un abordaje personalizado y supervisado.
Si tienes náuseas frecuentes, digestiones pesadas, gases, hinchazón, reflujo o molestias digestivas persistentes, en Aristea Salud podemos ayudarte
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